lunes, 26 de noviembre de 2012

Y el próximo balazo es para...



Nadie está seguro. Cada día que pasa es una bendición seguir vivo sobre estos 48 mil kilómetros cuadrados habitados por el  miedo, el dolor, la sangre, la ineficiencia, la  dejadez, la  ineptitud, la  indiferencia  y la indolencia. A nadie le importa nuestra seguridad ciudadana. Estamos aquí esperando el disparo de turno. La muerte de turno. La queja de turno.

A quien le parezca que lo de arriba es exageración, por favor, no me lea. Si le parece exageración, tragicomedia, dramatismo barato o lo que le da su real gana, solo le preguntan a la ingeniera Francina Hungría, tiroteada a plena calle y cuyos hermosos ojos de seguro no conocerán de nuevo la luz.

Confieso mi paranoia, diaria y permanente. Con todo el que se me acerca,  con dos personas a bordo de una motocicleta, con los deliverys, con los técnicos de Tricom y Claro aunque vengan disfrazados y puestos de carnet , con la policía, militares y guachimanes.

Hungría es la última víctima de un estado de inseguridad ciudadana brutal , indolente, inhumano y aparentemente in crescendo, para toda la vida y  para todos los gustos.

Y el Estado?, bien, gracias, comprando Harley Davidson de vez en cuando para revenderlas luego  y vistiendo con uniformes nuevos a policías imberbes que miran hacia otro lado cuando pasa algo o se quedan  saboreando un guineo en el  estanco de frutas del inmigrante haitiano de turno enclavado en la esquina acostumbrada de esta ciudad perdida y sodomizada hasta el asco por la delincuencia y el desorden.
Ojalá no pierdas la vista, Francina. Ojalá, por lo menos, salvaste la vida. 

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